Abogados singles: cómo sobrevivir en un pequeño despacho

El término single, solitario, define la característica de muchas personas en este comienzo del siglo XXI que por su propia voluntad o por necesidad, eligen vivir, viajar y/o trabajar en soledad, a su manera. Aunque hay “singles” que, especialmente gracias a Internet y las nuevas tecnologías, comparten actividades, elegir ser independiente, a todos los niveles, es cada vez más habitual. ¿También en la Abogacía? ¿Esa decisión es voluntaria? ¿Hay en la Abogacía redes sociales para compartir problemas, ideas, proyectos cuando uno trabaja sólo?

Sobre todo por razones económicas, es extraño el caso del pequeño despacho que decide externalizar alguno de estos servicios cuando se pone en marcha. Existen casos en los que disponen de una persona que realiza las labores administrativas, pero generalmente los abogados solitarios se encargan de todo ellos mismos: abrir la puerta a sus clientes, llevar los archivos, pagar los recibos, comprar el material de oficina, gestionar los pagos de impuestos e infinidad de tareas que suman a sus espaldas más horas de trabajo y esfuerzo.

Trabajar en solitario tiene, sin embargo, algunas ventajas, entre ellas la de poder organizar el trabajo en función de las cargas familiares o de los horarios de los hijos -llevarles al colegio, recogerles, etc.- y, además, desarrolla un estrecho espíritu de colaboración con otros compañeros.

Aunque multitud de abogados viven para trabajar, lo importante es trabajar para vivir y que, a final de mes, una vez pagados todos los gastos, el despacho haya sido productivo. No siempre es fácil y no todos los meses son iguales. Hay meses buenos y meses en los que llegan muchos menos casos. Y cuando, encima, llega la crisis, los grandes pueden superarla con recorte de gastos, reducción de plantillas, y otros métodos. Pero un pequeño despacho, ¿de dónde recorta? ¿Es la crisis la que dicta el sueldo de los abogados solitarios? ¿Se aprovechan algunos clientes de la actual situación económica? ¿Afecta la crisis a todos los pequeños despachos por igual?

Ya está instaurado el pago a plazos en la Abogacía y, además existen clientes que exigen el “todo incluido” a precio cerrado. Muchos abogados están preocupados en buscar nuevos clientes, en facturar más. Pero especialmente en tiempos de crisis, lo importante no es facturar, sino cobrar lo que se ha trabajado. Desde hace dos años ha aumentado la “pequeña morosidad”. Los clientes no sólo se retrasan en los pagos sino que demandan abaratamiento de los honorarios y fórmulas de financiación, lo que al abogado individual le implica tener que ajustar sus presupuestos

Lo mismo sucede con el Turno de Oficio, donde 35.000 abogados trabajan 24 horas al día, 365 días al año y al que están adscritos la gran mayoría de los abogados “solitarios”. Además de ser una fuente extra de ingresos -no muy importante, unos 4.000 euros al año por atender una media de veinte asuntos, lo que significa 200 euros por caso-, se lo plantean como una contribución a la sociedad.

La Abogacía en solitario es una gran aventura, la que emprenden más de la mitad de los abogados españoles. Es un reto que produce casi por igual problemas y satisfacciones. Unos y otros viven en soledad, pero, dado el número de abogados solitarios, parece que compensan los éxitos y se sobrellevan las dificultades.

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